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La importancia de construir tecnología que ayude a nuestra política

El CEO de Apple, Tim Cook, alerta de la pérdida de libertad a cambio de disfrutar de los nuevos avances tecnológicos: “El efecto de la vigilancia digital es profundo y alcanza casi todo”. Cook habló a los alumnos de la Universidad de Stanford de la importancia de construir, como ya hizo 14 años antes Steve Jobs con el famoso discurso “stay hungry, stay foolish”.


Estamos influenciados por la filosofía del boca a boca e internet es la máxima autoridad. La política también se sirve de los avances tecnológicos para crear líderes y discursos a la carta. Desde la II Guerra Mundial se lleva midiendo la efectividad de la propaganda y con las respuestas conscientes (focus groups) se dieron cuenta de que una cosa es lo que decimos y otra lo que sentimos. Más del 95% de las decisiones que tomamos los seres humanos se basan en motivos no conscientes.


Cada vez más son las empresas que utilizan una gran variedad de técnicas (electroencefalogramas, medidores de respuesta galvánica de la piel y eye tracking, entre otros) para conocer las reacciones que generan los estímulos del marketing. Lo ha hecho Heineken testando un spot publicitario con un casco repleto de electrodos y una cámara para registrar el movimiento de los ojos de los participantes y, recientemente, Telecinco con alguna de sus series.


Todo esto ayuda a mejorar la toma de decisiones, por ejemplo: para seleccionar las mejores imágenes de un tráiler; producir o no más temporadas de una serie o para tomar decisiones ejecutivas a la hora de vender o comprar contenidos. Pero existen serias dudas sobre su posible legislación ante riesgo de manipulación. Sobre todo, cuando llegue a la educación primaria.


En política sucede exactamente lo mismo. La neuropolítica es la neurociencia aplicada a las estrategias electorales. Una de las estrategias consiste en reunir una muestra de alrededor de 500 personas para analizar sus estímulos ante un discurso, que bien podría ser el que diera un presidente ante la Nación.


El objetivo de los consultores es influir positivamente en todos los segmentos de población allí presentes y para ello, deben analizar por qué a unos les agradan determinadas palabras y a otros no (influenciados por su cultura/experiencias). Por ejemplo: varón, europeo de mediana edad frente a mujer, menor de 30 años.


Así han descubierto, entre otras cosas, el choque generacional que han sufrido los partidos tradicionales. La gente joven no votó al bipartidismo por su oratoria, entre otros factores. El resultado es elaborar un discurso que agrade al mayor número de personas.


Un discurso a la carta donde desaparecen las ideologías en detrimento de planes orientados al beneficio económico, educativo, sanitario y de vivienda que garanticen calidad a los ciudadanos. La política debe moverse en torno a la investigación y no ser esclava del marketing.


A Bill Gates le preocupa la ausencia de reflexión política sobre las consecuencias de la fusión de la inteligencia artificial, la robótica y las neurociencias. Cook ya advierte no aceptar como algo natural perder la privacidad en internet a cambio de disfrutar de los nuevos avances tecnológicos.


Nuestros valores democráticos se están viendo amenazados por no saber gestionar los nuevos entornos tecnológicos. Cuando la tecnología evoluciona más rápido que la educación aparecen ciertos riesgos como la polarización: el blanco y el negro triunfan ante el gris. Se premia el discurso radical y aflora el personalismo.


Uno de los retos como sociedad es asegurar la vigencia de nuestros valores democráticos frente a la tecnología utilizada como herramienta.

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